Foto recortada de: Regmurcia. Encuentro de cuadrillas. La Albatalía 18-XII-2005

 

LOS MAYOS EN MURCIA

"...aquél olvidado cantar de Los Mayos..."

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Muerte del popular poeta Frutos Baeza

EL ÚLTIMO PANOCHO

 

...Él nos hablaba muchas veces de intimidades huertanas cuyos ecos han muerto para todos y sin embargo, no se borraron de su alma. Algunas tardes primaverales en que contemplábamos los verdores de la vega alrededor de una mesa huertana, evocamos en su memoria aquel olvidado cantar de Los Mayos; y él, con cadencia sonora e indolente nos entonaba la canción murciana con un fervor patriótico que nos enternecía al pronunciar aquel principio de

“Ya estamos a treinta
del abril Florido…”

Ayer, ante su cadáver, sonó en nuestros oídos aquel canto y pensamos en que la muerte ha truncado ayer una vida fuerte y brava, cuando la primavera comenzaba a alegrar la huerta de sus amores con flores y guirnaldas; y ha sido poco piadosa dejándolo llegar a las puertas de ese abril florido que él cantaba con tanto ardor en sus Mayos


P. Jara Carrillo

 

 

 

EL LIBERAL. Sábado 30 de Marzo de 1918
Archivo Municipal de Murcia
 

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IN MEMORIAM


EL POETA FRUTOS BAEZA
Evocando recuerdos


…En otra ocasión nos encontramos en un tren botijo de las fiestas de Abril; de aquellos que en años pretéritos llegaban en la mañana del Miércoles Santo, presididos por el simpático y olvidado patriarca Mestre Martínez, y atiborrados de gente murciana. El cantar de “Los Mayos” se lo oí a Frutos por primera vez en aquella madrugada de primavera, mientras el tren corría por las llanuras manchegas.... Era una especie de himno a Baco:

Ya ha llegado mayo,
bien venido sea...

Viajábamos en un departamento de segunda clase, pero la gente de rompe y rasga que ocupaba los de tercera --camareras, obreros y estudiantes-- al darse cuenta de la presencia de Frutos, nos hizo apearnos y nos invitó a viajar en su retozona compañía.

Entre abrazos y vítores tuvo que recitarles a gritos romances panochos, de pie, sobre un asiento del coche.

Los obreros y los estudiantes aquellos lloraban de risa... Una buena moza lo besó en la frente... Ya cerca de la estación de Murcia, al descubrir desde las ventanillas la ingente, la esbelta, la gallarda Torre, a cuya sombra vivimos y morimos, se brindó por Murcia con vino de una bota que surgió de improviso, y se brindó con tal emoción y tan ingenuo entusiasmo, que el plebeyo Jumilla, transformóse por un instante en helénico Chipre, en néctar inefable.

Al llegar el convoy a Murcia, se oyeron estentóreos vivas al Berrugo, a la Torre, a Frutos y a los Nazarenos coloraos..


Enrique Martí

 

EL TIEMPO Jueves 29 de Marzo de 1923

Archivo Municipal de Murcia

 

 


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